Es común que, en estos días en la consulta, mis pacientes me pidan algún consejo para evitar que, las comidas excesivas que en las casas se ofrecen en Navidad, no arruinen el trabajo que han venido haciendo hasta ahora con tanto esfuerzo.
En primer lugar aclaro que no, las Navidades no son malas, como me dicen medio en broma muchos pacientes, sino que sólo el no plantearse alguna estrategia puede ser lo que las haga particularmente difíciles sobrellevar sin aumentar un par de kilos, como mínimo.
Aquí van algunas ideas:
- Distinguir claramente entre comidas de los días festivos ineludibles, como cenas de nochebuena y nochevieja, comidas de Navidad y Año Nuevo, comida del día de Reyes, y atenerse exclusivamente a ellas.
- No comer, en ningún caso, sobras del banquete del día anterior de modo que de cada dupla cena-comida festiva proyectemos una continuación a modo de “secuela”, creando algo así como la saga de los Atracones de las Navidades. Si está en nuestra mano, congelar la comida restante hasta mediados de enero (como mínimo) puede ser una gran opción. De esta manera, podemos volver a disfrutar de estos manjares más adelante.
- Para facilitar esto, es imprescindible tener en el frigorífico acopio de los menús bajos en calorías (bolsas de verduras, carnes y pescados para planchar, lácteos descremados, fruta, etc.).
- Si eres goloso/a, planifica a lo largo de estas 5 o 6 comidas el consumo de pequeñas cantidades de tu dulce favorito (hoy un pedacito de tal turrón, mañana medio pastel de mazapán). Podrás probarlos sin que te perjudiquen.
- Ojo con el alcohol. Además de tener muchas calorías, es un excelente aperitivo estimulante de apetito.
Espero que estos consejos os sean de utilidad. Tenemos que aprender a disfrutar cuidándonos.
Con mis mejores deseos, Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo.